9 de noviembre de 2014

Cadáveres en la playa




Getxo a finales de 1973. La playa de Arrigunaga pierde arena desde hace tiempo ante la indiferencia de toda la población. ¿Toda? No, un pequeño grupo de cinco antiguos falangistas urge al alcalde ante lo que ellos creen un problema muy grave para el porvenir de Getxo y sus bañistas en verano. Hasta que un día el librero Sancho Bordaberri recibe el encargo de investigar un crimen ocurrido durante la guerra: mientras cinco falangistas asesinaban y enterraban en la playa a nueve de sus víctimas, alguien apareció con un nuevo cadáver que será el asesinato que tenga que investigar el librero reconvertido en detective Samuel Esparta.

Esta es en unas breves líneas el resumen de la última novela publicada de Ramiro Pinilla que, ironías del destino, ha aparecido publicada cuando Pinilla ha dicho adiós a la vida. Aparecen en “Cadáveres en la playa”, que es el título del que hablamos, los mismos elementos que ya aparecieron en las dos obras anteriores que toman al detective Samuel Esparta por protagonista: memoria de la guerra, un sentido del humor que no esconde lo duro de los tiempos y un protagonista que se toma por una reencarnación vasca de Dashiell Hammet y Raymond Chandler. Una vez más Pinilla utiliza la memoria para hablar también del presente: un crimen pasional escondido bajo la arena de la playa, el cadáver escondido junto a nueve víctimas de los falangistas, una tumba que está cada día más cerca de salir a la luz y los antiguos falangistas que no paran de echar arena sobre la tumba. La narración, como siempre en Ramiro Pinilla, ayuda al lector a seguir la historia, utilizando de una manera muy sabia los diálogos con los que lo va contando casi todo. En resumen, una joya más que añadir a la obra de este genial escritor, del que se puede saber algo más leyendo esta entrevista que le hizo Enric González para Jot Down.

Termino como siempre con algo de música. Si he podido leer la novela en el mismo mes de su publicación (a Francia no ha llegado todavía y yo utilizo Amazon lo menos posible) se debe a la visita anual que hago al Certamen Coral de Tolosa, donde queda una librería cada vez menos librería y más papelería, signo de los tiempos, pero donde pude encontrar este “Cadáveres en la playa”, al que le pongo una canción en dos versiones. La primera es la, digamos, versión original de Oskorri:


La segunda es un arreglo para coro a capella que ha hecho David Azurza (David: cada día me gusta más lo que escribes). La versión es del coro joven de St Jacobs, Estocolmo, y está grabada en el Certamen de Tolosa en 2013, año en que estos pimpollos suecos arrasaron justamente con todos los premios habidos y por haber:



Se me olvidaba: ojo al detalle de cantar de memoria en euskera. Son suecos, recuerdo.



2 de noviembre de 2014

Jordi Savall no tiene precio




"Vivimos en una grave crisis política, económica y cultural, a consecuencia de la cual una cuarta parte de los españoles está en situación de gran precariedad y más de la mitad de nuestros jóvenes no tiene ni tendrá posibilidad alguna de conseguir un trabajo que les asegure una vida mínimamente digna. La Cultura, el Arte, y especialmente la Música, son la base de la educación que nos permite realizarnos personalmente y, al mismo tiempo, estar presentes como entidad cultural, en un mundo cada vez más globalizado. Estoy profundamente convencido que el arte es útil a la sociedad, contribuyendo a la educación de los jóvenes, y a elevar y a fortalecer la dimensión humana y espiritual del ser humano. ¿Cuántos españoles han podido alguna vez en sus vidas, escuchar en vivo las sublimes músicas de Cristóbal de Morales, Francisco Guerrero o Tomás Luis de Victoria? Quizás algunos miles de privilegiados que han podido asistir a algún concierto de los poquísimos festivales que programan este tipo de música. Pero la inmensa mayoría, nunca podrá beneficiarse de la fabulosa energía espiritual que transmiten la divina belleza de estas músicas. ¿Podríamos imaginar un Museo del Prado en el cual todo el patrimonio antiguo no fuera accesible? Pues esto es lo que sucede con la música, ya que la música viva solo existe cuando un cantante la canta o un músico la toca, los músicos son los verdaderos museos vivientes del arte musical. Es gracias a ellos que podemos escuchar las Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio, los Villancicos y Motetes de los siglos de Oro, los Tonos Humanos y Divinos del Barroco… Por ello es indispensable dar a los músicos un mínimo de apoyo institucional estable, ya que sin ellos nuestro patrimonio musical continuaría durmiendo el triste sueño del olvido y de la ignorancia."

El texto arriba reproducido es un extracto de la carta que Jordi Savall ha dirigido al ministro Wert para explicar los motivos por los que rechaza el Premio Nacional de Música. Podéis leer el texto íntegro aquí.
Tras enviar la carta, en un país tan cainita como el nuestro, ha sido necesario que Savall convocara una rueda de prensa para explicar lo que algunos, especialmente en la prensa cavernaria, no quieren reconocer (*). La cultura no es una ONG, la cultura no puede ser amateur, la cultura, en fin, es una cuestión casi de supervivencia. O cultura o barbarie.

Poco más hay que añadir. Dejo con toda intención un vídeo de un concierto titulado "Folías de España", grabado por una emisora francesa, ya que nuestra flamante y saludable RTVE nunca ha mostrado el más mínimo interés en difundir el trabajo de Jordi Savall. 



19 de octubre de 2014

La embriaguez de la metamorfosis



La acción transcurre en 1926 y nuestra protagonista, funcionaria de una administración de correos, pasa sus días en medio de una existencia aburrida y llena de privaciones materiales cuando el azar la lleva a un balneario suizo, donde vivirá y experimentará por unos días el lujo de quienes vivían al margen de la atmósfera opresiva de la época de postguerra de donde procedía nuestra protagonista. El sueño de la vida llena de lujos se interrumpirá bruscamente y nuestra protagonista volverá a su existencia triste y gris a la que parecía resignada al principio de la novela, solo que ahora hay una gran diferencia, porque ahora conoce lo que es una existencia burguesa a la que nunca podrá aspirar. Ella continúa con su trabajo de funcionaria cuando conocerá a un antiguo soldado que lo perdió todo en la guerra y que vive en la indigencia. Juntos planearán un gran desfalco y una huida porque es la única salida que ven a la miseria y a la pobreza.

Lo que cuento más arriba es, a grandes líneas, el argumento de La embriaguez de la metamorfosis, de Stefan Zweig. La novela está muy bien construida y consta de dos partes muy bien diferenciadas que se corresponden la primera con la vida lujosa de Christine, nuestra protagonista, que habrá de volver después, ya en la segunda parte, a su vida miserable de funcionaria que no dejará de soñar con los días vividos en Suiza, quimera a la que nunca podría volver desde su sueldo de funcionaria.

La lectura de La embriaguez de la metamorfosis llama poderosamente la atención porque, aunque terminada en 1942, el año del suicidio del autor, es precisamente de una rabiosa actualidad. En un momento en el que al ciudadano se le están birlando, con todo descaro, derechos y conquistas duramente conseguidos a lo largo de luchas y huelgas, cuando además los ladrones se mofan y burlan de quienes están sufriendo, es legítimo pensar si, como los protagonistas de esta novela, todo habrá de estallar por el lado de la violencia cuando la gente ya simplemente no pueda más.

Lo dejo aquí; a cada uno de sacar sus conclusiones y si de paso disfruta leyendo a Zweig puesto tanto mejor. Yo lo hago a menudo y, con o sin razón, siempre me viene a la memoria alguna música de Mahler. Traigo aquí la séptima sinfonía de Mahler, probablemente la más difícil de todas para el oyente, en la versión de la Orquesta del Festival de Lucerna, con Abbado en la dirección.





13 de octubre de 2014

Andreas Prittwitz



Por razones que ahora no vienen al caso llevo dándole vueltas a un problema del que no conseguía salir: cómo puede integrarse el clarinete en la interpretación de la música antigua, ese periodo que es un saco sin fondo donde se mete de todo hasta justamente la época en la que irrumpe con fuerza el clarinete, que no es otra que el clasicismo (algún día volveremos con el concierto de Mozart). Le daba vueltas al asunto cuando he descubierto a alguien que ha resuelto el problema de una forma inmejorable y que a mí me parecía imposible: Andreas Prittwitz.

Andreas, que es de Munich pero lleva la tira de años afincado en España, es un caso raro en esto de la música. En su faceta de intérprete lidia con la flauta de pico, el saxofón y el clarinete. Sinceramente, no conozco un caso igual, pero mejor es que el lector juzgue por sí mismo con esta pequeña joyita que es una adaptación del Hoy comamos y bebamos, que todo cantante de coro se conoce de memoria y que Andreas llena de música … y buen humor:


Pero hay más, de hecho la pieza que me ha llevado hasta Andreas Prittwitz ha sido en realidad una interpretación del aria final de Dido y Eneas de Purcell. Mirad este vídeo con varios fragmentos de esta ópera de Purcell y prestad atención sobre todo a lo que pasa a partir del 1’16’’. Música barroca y jazz unidos por obra y gracia del genio de Andreas Prittwitz.


Uno cree ya haberlo visto todo con esto del clarinete tocando Purcell cuando Andreas aparece interpretando Vivaldi… con el saxofón y acompañado por la orquesta de instrumentos antiguos. Esto es un prodigio, porque todavía no he descubierto como se las apaña para que esta mezcla no suene a rayos, sino todo lo contrario!


Y ya para terminar vamos con la flauta de pico. Un concierto de Sammartini donde Andreas Prittwitz demuestra que el clásico y el jazz son la misma cosa… si son buenos.




5 de octubre de 2014

Certamen Coral de Tolosa 2014


Como todos los años por estas fechas ando preparando mi viaje a Tolosa para el Certamen Coral que se celebra siempre alrededor del 1 de noviembre. Los más lanzados pueden visitar esta página y buscar el programa de este año. Aprovecho esto como excusa para subir unos vídeos de algunas páginas corales con las que ando peleándome últimamente, dicho esto de "peleando" en el mejor de los sentidos, en el de estudiar y conocer a fondo una partitura.

El primero de los vídeos es una pieza que ya es muy conocida en el mundillo coral. Se trata de Ubi Caritas, de Ola Gjeilo, un compositor de origen noruego que vive en Estados Unidos desde hace una década y que está teniendo bastante éxito.  Esto que vais a escuchar no revolucionará la historia de la música, pero se deja escuchar y, qué demonios, es de una gran belleza. Lo difícil a la hora de interpretar una música así es que no sea cursi, y en esta interpretación de un coro universitario de Washington lo clavan, o a mí me lo parece.



El segundo vídeo vuelve a ser la misma obra, pero esta vez el propio compositor acompaña desde el piano con una improvisación. A cada uno de elegir su versión preferida.



Vamos ahora con algo más de sustancia. Se trata de una obra de Trond Kverno, otro compositor noruego, nacido en Oslo en 1945, y que es una leyenda viva del canto coral noruego. Una de sus obras más conocidas es este Ave Maris Stella, que en este vídeo está interpretada por The University of Utah Singers, dirigidos por  Brady Allred.



Con el mismo director del vídeo anterior, pero con el coro The Salt Lake Vocal Artist, pasamos ahora a algo de otro compositor más cercano. Es el tolosarra David Azurza y una obra suya que yo conocí precisamente en Tolosa, Ave Virgo Sanctisima. Una maravilla. David es un joven compositor, además de cantante y de director de coro, que en esto de la música hay que tener pluriempleo para poder sobrevivir.



Y ya para terminar algo más ligerito. Es un coro cubano con una obra que ni me molesto en presentar. Eso sí, que nadie venga a decir aquella perogrullada de que "es que los cubanos lo llevan en la sangre", porque detrás de esto que se escucha en el vídeo hay muchísimas horas de trabajo.




28 de septiembre de 2014

Bach - Cantata BWV 208


En una de las últimas entradas de ese impagable blog que es Guerra y Paz he podido encontrar esta pequeña joya, que es una transcripción para piano de un aria de una cantata de Bach, una de esas músicas que uno siempre quiere tener a mano y escuchar en todo momento. Yo propongo aquí otra interpretación, que he encontrado por youtube y también me ha parecido interesante; se trata de Leon Fleisher, un pianista del que yo había oído hablar y al que pude ver en un documental de esos que de vez en cuando sueltan, cada vez con menos frecuencia, en el canal Arte. Estamos tan acostumbrados a pensar que los grandes intérpretes son genios a los que todo les sale fácil, como sin esfuerzo, que a veces olvidamos todo lo que hay detrás. En este vídeo de Fleisher, si el lector se fija, podrá ver el problema en la mano derecha de Fleisher y que, desde mi punto de vista, supone un ejemplo de superación de dificultades; no sigo que eso da para otra entrada.


Este mismo aria ha sido objeto de muchas versiones. Aquí sin ir más lejos una versión orquestal, en una interpretación con instrumentos modernos. Suena de alguna manera a una interpretación de Bach de hace cuarenta o cincuenta años, pero no por ello menos legítimo.


Claro que si se trata de versiones de este aria de la cantata que lleva el número 208, esta de los Swingle Singers es de lo más curioso.


Pero vamos ahora a la fuente original de donde sale todo esto: se trata de un aria para soprano titulada Shafe können sicher weiden, que forma parte de la cantata Was mir gehagt, ist nur die muntre Jagd, BWV 208, más conocida en el mundo no germano como Cantata de Caza. La escuchamos ahora aquí en la voz de Magdalena Kozena, con la Orquesta del Siglo de las Luces dirigida por Gustav Leonhardt (esto son ya palabras mayores). Tempo más ágil para una interpretación con pocos instrumentos, alejada de una estética decimonónica, más romántica, y probablemente más cerca de cómo debió sonar en vida de Bach.


Esta cantata tiene cierta importancia dentro del total de cantatas de Bach por varias razones. Una de ellas es que es la primera cantata profana conocida de Bach. Estamos hablando de principios de 1713, cuando Bach cuenta 28 años y lleva cuatro en la corte del duque de Sajonia-Weimar. Su fama empieza a ser importante y es invitado a Weissenfels para los festejos del cumpleaños del duque de Sajonia-Weissenfels; va a componer para esta ocasión la Cantata de Caza, pero es que además va a contar con un número mayor de intérpretes, puesto que se van a juntar los músicos de las dos cortes y, lo que probablemente sea más importante, en su visita a Weissenfels tendrá ocasión de encontrase con Johann Philipp Krieger, capellmeister de la corte Sajonia-Weissenfels, que era un hombre de gran reputación en su momento, que había hecho de la vida musical en Weissenfels un centro por el que se habían interesado entre otros Haendel o Telemann, y donde habrían de llegar los trompetistas de la familia Wicke, cuya hermana pequeña Anna Magdalena llegó a ser soprano en Weissenfels…antes de partir a Cothen para casarse con el propio Johann Sebastian Bach. En fin, por aquél entonces el joven Bach no había escrito más que ocasionalmente alguna cantata basada en el estilo antiguo de Schütz o Buxtehude. Es de suponer que el encuentro con Krieger y poder conocer alguna de las más de mil cantatas que este había escrito debieron suponer alguna influencia en el trabajo posterior de Bach.

El texto de esta Cantata de la Caza es una alegoría mitológica seguramente bastante convencional, por donde deambula la diosa Diana, hija de Júpiter y hermana gemela de Apolo, hermana también de Minerva, y que es la diosa de la caza. No me enrollo más, que si no se me va a notar que en este caso me importa menos el texto que la música. Aquí va la cantata entera para los que hayan tenido la paciencia de llegar hasta aquí, en una versión con el Concentus Musicus Wien, dirigido por Nikolaus Harnoncourt.