26 de febrero de 2015

Flores made in France


Esta mañana he escuchado una de esas noticias que de ridícula me ha llevado directamente a la cafetera porque no daba crédito a lo que había escuchado. Algún lumbreras de la política, del marketing o de la ideología más rancia y peligrosa, que todo puede ser, ha descubierto que las flores que se compran habitualmente en Francia vienen de lejos, de muy lejos, tanto como Colombia, o Kenia o Somalia. Nada nuevo. Dependiendo del tipo de flores vienen de una región u otra, y solo algunos jazmines y pocas cosas más vienen de Francia, en concreto de la región de Picardie (no se si se dice Picardía en castellano). Lo que el locutor contaba era que la mano de obra en esos países es más barata y justificaba el hecho de hacer venir rosas desde Colombia al mercado de flores holandés, para terminar en una floristería francesa. Lo que el locutor ocultaba es que, además, en el caso de Colombia, la legislación es más permisiva y se cultiva con todo uso y abuso de productos químicos, contaminando así el suelo, que es como decir el agua, lo que hace que los bebés colombianos que se alimentan del pecho de sus madres tomen la leche más contaminada del planeta.

Pues al lumbreras que ha descubierto algo que ya se sabe desde hace bastantes años y que no parece importarle a nadie, ha propuesto vender ramos de flores con etiquetas "producto francés" si al menos el 50% de las flores vienen de Francia, esto es, de Picardía.

Menos mal que siempre nos quedará la música:

16 de febrero de 2015

J.S. Bach: Ciaccona para violin solo



Como en muchas otras ocasiones, no fue el primero, ni sería tampoco el último en hacerlo, pero sí el que llegó a unos límites sobrehumanos en utilizar la forma de violín solo sin acompañamiento. Alrededor de 1720 Johann Sebastian Bach completa un ciclo de 3 Sonatas y 3 Partitas para violín solo “senza Basso”, que es como él mismo titulaba sus obras, haciendo claramente referencia a la ausencia del Bajo Continuo que tanto define la música barroca.

Las Partitas son supuestamente un conjunto de danzas, que en manos de Bach pueden convertirse en verdaderas piezas de concierto que admiten, como vamos a ver, lecturas muy diversas y que en poco recuerdan, salvo por el título, el papel original de danza. Dentro de todo este ciclo de sonatas y partitas hay una ciaccona que llama poderosamente la atención, por su extensión (dura alrededor de 14 minutos), por su forma, por la estructura y, si el intérprete lo quiere, por el manejo de la tensión. Se trata de la Ciaccona que cierra la Partita BWV 1004.



No hace muchos años la violinista de origen ruso Viktoria Mullova ha grabado un doble CD con la integral de estas sonatas y partitas, tarea que no está al alcance de cualquier violinista. Traigo aquí un vídeo donde interpreta precisamente esta ciaccona en un concierto en vivo (Wigmare Hall de Londres) y donde conviene dejar de lado lo que uno esté haciendo, utilizar el ordenador por una vez para una sola tarea y que esta sea la de deleitarse con este vídeo fijándose en varias cosas que llaman poderosamente la atención. La primera es la inmesa aparente facilidad con que toca Mullova este violín barroco, probablemente el mismo Guadagnini con el que grabó el doble CD. La segunda es la articulación barroca, la acentuación; tal y como cuenta la propia Mullova, en sus orígenes estuvo un Bach nada barroco y que, según sus maestros, tenía que sonar como un órgano; nada más alejado de la estética actual, Mullova tuvo que iniciar un nuevo camino, cuando ya era una estrella consagrada del violín, y empezar a aprender un nuevo fraseo barroco, cómo tocar sobre un nuevo instrumento con cuerdas de tripa… todo sin abandonar su violín moderno, que sigue utilizando cuando ataca repertorio contemporáneo o del siglo XX. Estamos hablando de la primera violinista que es a la vez una consumada intérprete del barroco y del siglo XX. Por último hay que fijarse en Bach, sobre todo en Bach, en la estructura de una obra escrita para un violín que ha de sonar más polifónico que nunca, puesto que ha de enseñar la armonía que rige esta ciaccona.



Viajamos ahora en el tiempo y en el espacio, para situarnos en Italia dos siglos después, que es el periodo que corresponde a Ferruccio Busoni, compositor italiano que, curiosamente, ha pasado a la historia más que por su propia obra, por las transcripciones que ha hecho de compositores anteriores y, de entre todas ellas, las que hizo sobre Bach han quedado como referencia a veces ineludible para cualquier intérprete pianístico que se precie. La obra que hemos escuchado en un violín barroco pasa ahora a ser interpretada en un gran piano romántico, sonoridad rotunda y sólida que sirve para resaltar toda la estructura armónica que de alguna manera ya aparece en la escritura para violín. Busoni escribe una obra romántica inigualable a partir de esta joya barroca de Bach. El vídeo que he encontrado es una interpretación de una jovencísima (todavía lo es!) Hélène Grimaud, intérprete a la que llegué gracias a la pista que me tendió Cyril, diletante inimitable y buen amigo. Cabe reseñar de esta filmación el plano vertical que delata la extensión de la mano de Grimaud, que es pequeña para lo que es uso de un virtuoso del piano, pero qué diablos, a quien le importa eso si lo que saca del piano es música se mire por donde se mire, empezando por la sonoridad robusta del piano y terminando por el manejo de la tensión: en apenas 14 minutos pasamos del arrebato a escuchar un coral para terminar con un pasaje íntimo… Hay todo en esta joyita y magistralmente interpretado.


Termino con un tercer vídeo para hacer justicia con “mi primera vez” con esta obra. Yo ya había escuchado cosas aquí y allá, pero hace alrededor de diez años Hélène Schmitt grabó esta integral de Sonatas y Partitas en dos discos con el sello Alpha. Llegué a esos discos a través de un concierto de Schmitt al que asistí en Utrecht, en el Festival de Música Antigua, donde pude conocerla personalmente. Esos discos me dieron a conocer esta música tan inmensa y, para ser justos, tengo que decir que de las varias versiones que he podido escuchar aquí y allá, me sigue gustando muchísimo la de Hélène Schmitt por una razón principal: Schmitt respira cuando toca y hace sentir la presencia de la respiración en su fraseo musical; es como si el violín se hubiera convertido en una voz humana.




8 de febrero de 2015

Copland: Concierto para clarinete



Basada en un relato breve de Doris Lessing, la película Mon amie Victoria, además de una buena historia bien contada, nos ofrece la oportunidad de escuchar una de esas obras musicales que parece estar esperando que alguien les de publicidad para hacerse conocidas del gran público. El concierto para clarinete de Aaron Copland, escrita alrededor de 1948 y estrenada en noviembre de 1950, nos lleva a uno de los intentos de Copland de acercar el jazz a la música sinfónica, un recurso que ya había intentado dos décadas antes sufriendo por ello el rechazo de crítica y público.

Con un acompañamiento de cuerdas, harpa y piano, el concierto para clarinete de Copland comienza con un tiempo lento, melancólico, casi romántico, de una belleza insultante que casi pide a gritos ser interpretado como pieza aislada, encargo que de alguna manera recibió Copland, cuando Serge Koussevitzky le pidió que escribiera un arreglo para orquesta de cuerdas, algo que Copland abandonó cuando estaba a medio camino, dejando claro de esta manera que para él la interpretación era del concierto entero o nada.

La estructura de la obra es relativamente sencilla: al movimiento lento del que hablaba antes, le sigue una cadencia para clarinete solo que dará pie al segundo tiempo, donde ya aparecen algunos elementos de jazz, donde Copland resuelve con acierto el enigma de hacer sonar como percusión lo que es una orquesta de cuerda.

La interpretación de los dos próximos vídeos es de la Orquesta Filarmónica de Los Angeles, con el propio Copland en la dirección y Benny Goodman al clarinete, que aporta su enorme sabiduría para sacar a la luz lo que tiene de jazzístico sobre todo la segunda parte de este concierto.



Cuento ahora algunos chascarrillos sobre la obra. El primero es que el propio Goodman, sin duda el gran animador en el siglo XX del clarinete como instrumento de jazz, inspirador de grandes obras, acabó pidiendo a Aaron Copland algunas simplificaciones en la parte solista para no destapar alguna laguna técnica, sobre todo en el registro agudo del clarinete, verdadera puebra de fuego para cualquier clarinetista. Otra historia sobre estos vídeos es que en ellos, Copland es ya un señor mayor enfermo de Alzheimer. Unos años antes había dejado de componer, pero no renunció a seguir dirigiendo. A la vista de estos vídeos desde aquí se lo agradecemos!

Para los que quieran escuchar el concierto sin ninguna interrupción, aquí hay otra grabación del propio Benny Goodman. Por cierto, no lo he dicho antes pero esta obra fue un encargo del propio Goodman.


25 de enero de 2015

Filántropos y fascistas, por Zineb El Rhazoui


Por su interés reproduzco aquí un artículo firmado por Zineb El Rhazoui, miembro del Consejo de Redacción de Charlie Hebdo. Es un artículo publicado en septiembre de 2013, y cuya traducción recojo de la página de m’sur, página a la que llegué gracias al blog de la siempre joven Maruja Torres.

"Parece ser que queda muy bien lanzarse al linchamiento de la revista Charlie Hebdo. ¡Qué cómodo es ser intelectual y cerrar filas con quienes nunca se ven amenazados por los cócteles molotov, ni corren riesgo de aparecer en la lista de una web de Al Qaeda, todo en aras de redimirse ante cualquier sospecha de racismo!
En 2013, una revista con dibujos divertidos se convirtió en Francia en un medio que crea opinión, uno que divide bandos, un asunto sobre el que hay que opinar. Charlie Hebdo suscita una especie de auto de fe de la inquisición, una cábala alimentada por los (y las) idiotas útiles de los islamistas, que buscan una popularidad fácil, respaldada por el instinto gregario y la ignorancia.
La islamofobia. Qué concepto más maravilloso. Tan amplio como la chilaba de un integrista. Es capaz de absorber todo lo que no le plazca: la razón, el espíritu crítico, incluso el humor. El término, hoy día tan consagrado como la xenofobia -concepto mucho más preciso-, se escuchó por primera vez de boca de los mulás iraníes que exigían asesinar a Salman Rushdie. Eso les importa poco a los (y las) idiotas útiles de los islamistas, cuando hoy lo ponen al servicio de su falsa filantropía.
El resultado de sus investigaciones es la conclusión, sin la sombra de una duda, que ser islamófobo es ser racista, y de paso atacan a la religiofobia, igual de sospechosa. Para ellos, el derecho de criticar una religión se debe limitar al catolicismo. Los musulmanes, en cambio, se meten en el saco de los minusválidos, víctimas por haber nacido así, en resumen: aquellos de los que uno no se puede reír porque la vida ya los ha castigado lo suficiente. Vaya visión de igualdad.

El (o la) idiota útil sostiene que un religiófobo no tiene derecho a criticar el islam, dado que sin duda no lo conoce lo suficiente como para hacerlo. Este argumento lo he escuchado mil veces de parte de los radicales al sur del Mediterráneo, allí donde el islam ocupa el lugar de la ley, y donde sería muy extraño llamar racistas a los “islamófobos”, hijos del país; es más fácil tacharlos de occidentalizados. “Usted critica el islam porque lo desconoce: usted no tiene derecho a hablar de él”. Porque evidentemente, si una conoce el islam, con sus cinco rezos diarios, su ramadán y sus placeres polígamos, no hay más remedio que amarlo.
Yo, Zineb, nacida en Casablanca, donde me he criado, me reservo el derecho. En nombre de los dieciseis años de educación islámica obligatoria, desde Primaria al bachillerato, me reservo el derecho de criticar el islam como me venga en gana, sin que ningún(a) idiota útil de los barbudos me explique que yo estoy sufriendo un síndrome de odio a mí misma. Estos impostores de la diversidad deben en primer lugar comprender que criticar una idea no es lo mismo que insultar a quien la defiende. Sin este postulado de base, no se puede llevar a cabo ningún debate de opiniones.
La cultura del argumento ad hominem, que tanto les gusta a los integristas musulmanes, no vale para los laicos. En los ambientes en los que ejercen un poder de coacción, los islamistas no dudan en calificar de “puta” o “maricón”, según el sexo, a cualquier persona que se atreva a criticar su ideología. Sí: es así de trivial, ellos no se esfuerzan en buscar respuestas elaboradas; aquello les basta para condenar a muerte, o a prisión, a sus adversarios.
Pero respetemos, aún así, su particularidad, dirá el (o la) idiota útil. ¿Relativismo cultural? Podría contentarse con responder “bua”. El argumento importa muy poco, el respaldo de las masas está garantizado.

Otro linchamiento fácil, sin correr riesgo alguno, es el de atacar a las Femen, que desde luego deben de ser racistas, dado que están indignadas con la situación de las mujeres en los países árabes… según piensa el (o la) idiota útil. Un argumento, presentado con toda seriedad, es que las Femen se expresan como Chuck Norris. ¿Humor? Amén. Pero ¿se puede tener el mismo sentido de humor en todo? ¿Realmente en todo? No: del islam no se puede burlar uno, responderán.

Idiota útil, permíteme que te diga: tu obsesión con que te puedan tomar por racista hace que defiendas a la extrema derecha musulmana. Entre los mil quinientos millones de musulmanes en cuyo nombre tú crees hablar, sólo algunas miles quieren llevar el niqab. La mezquita de La Meca, el lugar más sagrado del islam, prohíbe entrar con niqab, y tú defiendes que se lleve en la Universidad en Francia. Al tomar partido por el ala fascista del islam, arrojas a sus fauces a los demás, a la mayoría silenciosa y a la minoría laica militante. La Historia no te lo agradecerá."